Salmo 123: A Ti Alcé Mis Ojos — Clamor en Medio del Menosprecio

El Salmo 123 es una joya breve dentro de los Cánticos de las Ascensiones (Salmos 120–134). Estos himnos no eran solo música de fondo para el viaje, sino herramientas de formación espiritual para un pueblo que aprendía a caminar hacia la presencia de Dios, incluso bajo presión.
Su estructura es reveladora: inicia como un gesto personal e íntimo (“A ti alcé mis ojos”) y se ensancha rápidamente hacia una voz comunitaria (“ten misericordia de nosotros”). Esto nos enseña que, en el Reino de Dios, la experiencia de la humillación y la súplica nunca es aislada; es una carga compartida por el cuerpo de creyentes.
¿Cuándo leer este salmo? Este cántico es el refugio bíblico por excelencia cuando el creyente se siente burlado, menospreciado o tratado con escarnio por su fe. Es la oración para cuando las palabras de los soberbios han saturado el alma.
Salmo 123 (Reina-Valera)
- A ti alcé mis ojos,
Tú que habitas en los cielos.- He aquí como los ojos de los siervos miran a la mano de sus señores,
Y como los ojos de la sierva a la mano de su señora;
Así nuestros ojos miran a Jehová nuestro Dios,
Hasta que haya misericordia de nosotros.- Ten misericordia de nosotros, oh Jehová, ten misericordia de nosotros;
Porque estamos muy hastiados de menosprecio.- Estamos muy hastiados del escarnio de los ricos,
Y del menosprecio de los soberbios.
Significado del Salmo 123: El Trono sobre la Burla
El mensaje central de este salmo es el contraste de autoridades. El salmista nos presenta dos realidades simultáneas:
- Abajo (La Tierra): Donde reina la soberbia, la burla y el desprecio de los poderosos.
- Arriba (El Cielo): Donde reina Dios con soberanía absoluta y misericordia.
El significado profundo del salmo es que el sufrimiento no se vence mirando a los enemigos (eso genera amargura) ni mirándose a uno mismo (eso genera victimismo), sino reconociendo que la autoridad de Dios en los cielos es superior a la opinión de los hombres en la tierra. Es un canto de resistencia que rehúsa vivir bajo el gobierno emocional del desprecio humano.
Antecedentes Históricos y Culturales
El escenario más probable: La reconstrucción entre escombros Aunque el salmo no lleva firma, la mayoría de los comentaristas lo sitúan en el período post-exílico (después del regreso de Babilonia), muy posiblemente en los días de Nehemías. ¿Por qué encaja aquí? Porque en ese tiempo el pueblo de Dios era un remanente pequeño, pobre y políticamente débil que intentaba reconstruir los muros de Jerusalén entre las ruinas.
La guerra del desprecio En ese contexto, sus enemigos (como Sambalat y Tobías) no siempre atacaban con espadas, sino con burlas constantes. La Biblia registra que los miraban desde su posición de privilegio y decían con sarcasmo: “¿Qué hacen estos débiles judíos? Si una zorra sube por su muro, lo derribará”.
Esto explica perfectamente las dos claves del salmo:
El hastío del alma: No era una batalla de un día; era una tortura psicológica diaria. El pueblo estaba «hastiado» de escuchar que su fe era ridícula y su esfuerzo inútil. Por eso, al no tener rey ni ejército, levantan los ojos al «Dios de los cielos» como su único patrón y defensor.
Los que están en holgura: Los enemigos eran gobernantes locales, vivían cómodos y seguros, y miraban por encima del hombro a los judíos que trabajaban con polvo y sudor.
Una distinción vital: Conviene aclarar una confusión muy común. En el Salmo 121, el peregrino alza los ojos “a los montes” buscando ayuda en el horizonte. En el Salmo 123, el enfoque cambia radicalmente: el creyente ya no mira el paisaje, sino que mira directamente al cielo. Su ayuda no depende de la geografía ni de lo visible, sino de alzar la vista hacia el Trono del Rey que gobierna sobre todo.
Análisis y Explicación del Salmo 123
Este salmo avanza en dos movimientos claros: primero, la postura del cuerpo (ojos alzados hacia el cielo); segundo, el grito del alma (petición de misericordia ante la saturación).
Versículos 1–2: Dependencia Total — Mirar a la Mano
123:1-2
A ti alcé mis ojos,
Tú que habitas en los cielos.
He aquí como los ojos de los siervos miran á la mano de sus señores,
Y como los ojos de la sierva á la mano de su señora,
Así nuestros ojos miran á Jehová nuestro Dios,
Hasta que haya misericordia de nosotros.
Explicación: El versículo 1 establece la dirección: Dios “habita en los cielos”. Esto no es solo geográfico, es político: Él es el Rey. El versículo 2 introduce la metáfora central: los ojos de los siervos. En el antiguo Oriente, los siervos no daban órdenes ni discutían; observaban atentamente la mano de su señor para recibir la más mínima indicación de provisión, defensa o mandato.
El salmista purifica esta imagen: no promueve una actitud servil por miedo, sino una atención exclusiva. La frase «hasta que haya misericordia» introduce el factor paciencia. El creyente no echa un vistazo rápido a Dios; sostiene la mirada fijamente, ignorando las distracciones, hasta que el Señor actúe.
Aplicación Devocional: “A ti alcé mis ojos” es una disciplina mental. Cuando la crítica golpea, tu instinto es mirar al agresor para defenderte. Este versículo te entrena para hacer lo contrario: llevar tu atención al gobierno de Dios. Es decidir que Su opinión pesa más que el juicio de los demás.
Versículos 3–4: El Alma Hastiada y la Holgura de los Soberbios
123:3-4
Ten misericordia de nosotros, oh Jehová, ten misericordia de nosotros;
Porque estamos muy hastiados de menosprecio.
Hastiada está nuestra alma del escarnio de los que están en holgura,
Y del menosprecio de los soberbios.
Explicación: La repetición de «ten misericordia» revela urgencia. La palabra clave aquí es «hastiados»: describe un alma saturada, llena hasta el tope, que ya no puede tolerar más desprecio. El acoso constante erosiona la identidad y agota las fuerzas.
El versículo 4 identifica el origen del ataque:
- «Los soberbios»: Aquellos que miran a los demás por encima del hombro.
- «Los que están en holgura»: (Nota RV1909) Esta palabra describe una prosperidad cómoda, arrogante y sin preocupaciones. Se refiere a quienes, desde su seguridad material y social, se sienten con el derecho de humillar al que vive por fe.
Esta tensión de ver prosperar a los soberbios mientras el justo sufre es el tema central del Salmo 73, donde el salmista confiesa su lucha interna al ver la paz de los impíos.
Es notable que el salmista no pide venganza, sino misericordia. Entiende que lo único que puede sanar el hastío del alma no es destruir al enemigo, sino recibir la gracia renovadora de Dios.
Conexión espiritual: Frente a esta inestabilidad emocional que provocan los soberbios, el Salmo 125 encaja naturalmente como el siguiente paso: reafirma que quienes confían en Jehová no serán movidos por esta presión, sino que permanecerán firmes para siempre.
Reflexión y Aplicación Devocional del Salmo 123
El Salmo 123 nace en un escenario de desgaste. No describe una crisis rápida, sino la erosión lenta de vivir bajo menosprecio, escarnio y trato altivo. Por eso, su tema central no es “cómo ganar una discusión” contra los que te ofenden, sino cómo sostener el alma cuando el mundo intenta reducirte.
La frase “A ti alcé mis ojos” es una decisión espiritual vital: el salmista decide no definirse por la burla que recibe, ni poner su paz en la esperanza de que los arrogantes cambien. Elige mirar al Dios entronizado en los cielos, recordando que Su Trono gobierna por encima del ruido y que Su “mano” es la única fuente real de dirección y respaldo.
El desprecio en la vida cotidiana
En nuestra realidad, el menosprecio no siempre viene de enemigos de guerra. Suele aparecer de formas pequeñas pero repetidas que agotan la paciencia:
- Comentarios sarcásticos en casa que te hacen sentir inútil.
- Un jefe que te humilla con “bromas” delante de otros.
- Una relación donde tus límites se ridiculizan constantemente.
- O la presión silenciosa de las redes sociales, que te hace sentir que tu valor depende de la aprobación ajena.
El Salmo 123 te invita a un gesto concreto: reubicar la mirada. En vez de quedarte «rumiando» lo que dijeron, o planificando mentalmente cómo devolver la ofensa, el salmo te guía a levantar el corazón hacia Dios y decir con total honestidad: “Señor, estoy hastiado; necesito misericordia”.
Esa misericordia no es solo alivio externo; es gracia interna para no volverte cínico, reactivo o amargo. Aquí encaja perfectamente la promesa de Hebreos 4:16: podemos acercarnos confiadamente al trono de la gracia para alcanzar misericordia en el momento oportuno, justamente cuando el desprecio nos está tentando a responder desde la carne.
Aplicación práctica: 3 Pasos para el alma hastiada
Cuando experimentes escarnio o trato soberbio, haz una pausa deliberada y practica el movimiento del salmo:
- Nombra el dolor sin maquillarlo: No te hagas el fuerte. Dile a Dios: “Estoy hastiado de este menosprecio”. Al nombrar el dolor, impides que se convierta en amargura.
- Sostén la mirada: Ora “Mis ojos miran a Jehová… hasta que haya misericordia”. Esto significa orar aunque no sientas un cambio inmediato en la situación. Es decidir esperar en Él antes que reaccionar tú.
- Decide tu respuesta desde la firmeza, no desde la herida: A veces, eso significará callar para no pecar con la lengua; otras, poner un límite claro sin perder la paz; y otras, seguir haciendo el bien cuando sería más fácil endurecerte.
Si tu corazón se siente solo en esto, recuerda que la Escritura valida tu experiencia: “Por causa de ti somos muertos todo el tiempo” (Romanos 8:36). Esto no es para desesperarte, sino para afirmar que Dios ve la presión que soportas, no la ignora y está preparando Su respuesta.
Oración sugerida en el Salmo 123 «Señor, a Ti alzo mis ojos hoy. Confieso que estoy cansado del menosprecio y del escarnio de quienes viven en holgura. Ten misericordia de mí; guarda mi corazón de la amargura y guía mis pasos con Tu mano. Afírmame para no responder con mal, sino para esperar en Ti con paciencia hasta que Tu gracia se manifieste. Amén.»
Conclusión y Reflexión Final
El Salmo 123 es el cántico de la resistencia silenciosa. Nos enseña que la verdadera dignidad del creyente no viene de la aprobación social, sino de a Quién pertenecen sus ojos.
Mientras el mundo soberbio mira hacia abajo con desprecio, el siervo fiel mira hacia arriba con esperanza. Al cerrar este salmo, nos llevamos una lección vital para el camino: la burla puede herir nuestros sentimientos, pero no puede tocar nuestra posición. Mientras nuestros ojos estén fijos en la mano de nuestro Señor, su misericordia será siempre la última palabra sobre nuestra vida.
¿Qué pasa cuando la ayuda finalmente llega? Hemos aprendido a mirar al cielo bajo la presión. Pero, ¿Cómo reconocer cuando Dios responde y rompe la trampa? Descúbrelo en el siguiente cántico de victoria: Salmo 124: Si no hubiera estado Jehová por nosotros.
