Salmo 122: La Alegría de llegar a la Casa de Dios y la Paz de Jerusalén

El Salmo 122 (atribuido a David) es un cántico de peregrinación que celebra a Jerusalén como meta de la adoración y como símbolo de un pueblo reunido bajo el gobierno de Dios. Es parte de los Cánticos de las Ascensiones (Salmos 120–134), y su propósito es encender gozo por la casa del Señor, afirmar la unidad del pueblo y movernos a una oración perseverante por la paz de Sion. No es un poema “turístico”, sino una confesión espiritual: cuando Dios es el centro, la ciudad, la comunidad y la justicia cobran su verdadero sentido.
Salmo 122 (Reina-Valera)
- Yo me alegré con los que me decían:
A la casa de Jehová iremos.- Nuestros pies estuvieron
En tus puertas, oh Jerusalem.- Jerusalem, que se ha edificado
Como una ciudad que está bien unida entre sí.- Y allá subieron las tribus, las tribus de Jehová,
Conforme al testimonio dado a Israel,
Para alabar el nombre de Jehová.- Porque allá están las sillas del juicio,
Las sillas de la casa de David.- Pedid la paz de Jerusalem:
Sean prosperados los que te aman.- Sea la paz dentro de tus muros,
Y el descanso dentro de tus palacios.- Por amor de mis hermanos y mis compañeros
Diré yo: La paz sea contigo.- Por amor de la casa de Jehová nuestro Dios
Buscaré tu bien.
Significado del Salmo 122: La Unidad y la Paz de Jerusalén
El mensaje central gira en torno a Jerusalén como el corazón espiritual del pueblo. No se trata solo de una ubicación geográfica, sino del lugar donde convergen tres realidades inseparables: la presencia de Dios (culto), la unidad de las tribus (comunidad) y la administración de la justicia (gobierno).
El salmista nos enseña que la espiritualidad no es un asunto privado; tiene un efecto público. Al subir a adorar, el creyente es transformado para dejar de mirarse a sí mismo y empezar a “buscar el bien” de sus hermanos. Es un salmo que nos mueve de la emoción personal a la responsabilidad colectiva: la adoración genuina siempre desemboca en amor por el pueblo de Dios.
Antecedentes Históricos y Culturales
La meta del ascenso: En el Israel antiguo, “subir” a Jerusalén era tanto geográfico como espiritual: la ciudad estaba elevada, y el peregrino ascendía con la expectativa de encontrarse con Dios.
Aquí cobra sentido todo el viaje anterior: tras dejar atrás la hostilidad de Mesech en el Salmo 120 y superar los peligros del camino bajo la protección del Salmo 121, el peregrino llega por fin a su destino. Los Cánticos de Ascensión acompañaban este movimiento en las grandes celebraciones anuales, momentos donde el pueblo recordaba la redención, la provisión y la fidelidad del Señor.
Contexto Davídico y Justicia: El salmo encaja bien con un marco davídico: menciona “las sillas… de la casa de David” (v. 5), describe una Jerusalem consolidada (v. 3) y presenta a las tribus subiendo con conciencia de pacto (v. 4). En tiempos de David, Jerusalem se afirma como centro nacional y cultual.
Además, el salmo sostiene una visión unificada: culto y vida pública no van por caminos separados. Donde el pueblo honra a Dios, también debe aprender a ejercer justicia, verdad y responsabilidad. Jerusalem funciona, entonces, como una “escuela” espiritual: allí se adora, y allí se forma el corazón para vivir rectamente.
Análisis y Explicación del Salmo 122
El Salmo 122 avanza de forma progresiva: inicia con el gozo del peregrino al ser llamado a adorar, se detiene en la identidad comunitaria de la ciudad, y culmina en una intercesión concreta por la paz.
En otras palabras, el salmo nos guía versículo a versículo desde la emoción santa de “llegar” a la casa de Dios, hasta la madurez espiritual de “orar y buscar” el bienestar del prójimo.
Puede dividirse en tres secciones principales:
- Versículos 1–2: Gozo y llegada del peregrino.
- Versículos 3–5: Adoración, unidad y justicia.
- Versículos 6–9: Oración por la paz y compromiso.
Versículos 1–2: Gozo por la adoración y la llegada
122:1
Yo me alegré con los que me decían:
A la casa de Jehová iremos.
Explicación: El salmista no presenta la adoración como una rutina religiosa, sino como un llamado que despierta alegría genuina. La frase sugiere una disposición interior: la casa de Jehová no es un lugar cualquiera, es el espacio donde el pueblo reconoce el gobierno de Dios y reordena el corazón. Aquí, el gozo no nace de la comodidad, sino de saber que Dios concede el privilegio de acercarse a Él.
Aplicación Devocional: Este versículo nos confronta con la actitud con la que buscamos a Dios. La fe se enfría cuando la adoración se vuelve una “obligación” semanal. Pero el salmo nos recuerda que congregarse es un regalo que renueva el alma y restaura nuestras prioridades espirituales.
122:2
Nuestros pies estuvieron
En tus puertas, oh Jerusalem.
Explicación: La imagen es profundamente humana: “los pies” en las puertas. No es solo una intención espiritual; es una llegada física y concreta. El salmista contempla el momento como la confirmación de que Dios sostuvo cada paso del camino. El corazón que anhelaba la meta ahora puede decir con gratitud: “estoy aquí”.
Aplicación Contemporánea: Hay temporadas donde el solo hecho de llegar ya es una victoria: cuando vienes cansado, cargado, o con luchas internas. Este versículo te enseña a dar gracias por la perseverancia que Dios te ha dado. Si tu vida viene de un ambiente de tensión o desgaste emocional, pisar «tierra firme» en la presencia de Dios es el primer paso para sanar.
Versículos 3–5: Adoración, unidad y justicia
122:3-4
Jerusalem, que se ha edificado
Como una ciudad que está bien unida entre sí.
Y allá subieron las tribus, las tribus de JAH,
Conforme al testimonio dado a Israel,
Para alabar el nombre de Jehová.
Explicación: Jerusalem se describe como “bien unida”: firme, compacta, cohesionada. No es solo una nota arquitectónica; es un ideal espiritual. La ciudad representa al pueblo cuando vive en verdadera comunión: no fragmentado por rivalidades, sino unido alrededor del Señor.
La peregrinación es un acto de obediencia y pacto (“conforme al testimonio”). Subir juntos no es turismo espiritual: es identidad. Y el fin supremo no es admirar la ciudad, sino “alabar el nombre de Jehová”, celebrando su carácter y fidelidad.
Aplicación Devocional: La adoración auténtica no alimenta el individualismo; teje vínculos. Cuando Dios es el centro, la comunidad deja de ser opcional y se vuelve vital. Este pasaje nos llama a valorar la unidad de la iglesia como algo que se construye intencionalmente y se protege con celo.
122:5
Porque allá están las sillas del juicio,
Las sillas de la casa de David.
Explicación: El salmo introduce la dimensión pública: Jerusalem también es lugar de “juicio”, es decir, de gobierno justo y responsable. Esto une la adoración con la ética. El pueblo que alaba al Dios santo no puede vivir indiferente ante la verdad, la integridad y la justicia social.
Aplicación Teológica: Una adoración que no produce rectitud está incompleta. Este versículo nos enseña que la presencia de Dios demanda integridad en todas las áreas de la vida: en nuestras decisiones, en el liderazgo y en el trato justo con el prójimo.
Versículos 6–9: Oración por la paz y compromiso
122:6-7
Pedid la paz de Jerusalem:
Sean prosperados los que te aman.
Sea la paz dentro de tus muros,
Y el descanso dentro de tus palacios.
Explicación: El llamado es imperativo: “pedid”. En términos bíblicos, la paz (shalom) que aquí se pide no es solo ausencia de conflicto, sino bienestar integral, estabilidad y plenitud.
La petición es por una paz “dentro”: no solo ausencia de guerra externa, sino un reposo real en lo interior. Muros y palacios simbolizan seguridad, pero la oración reconoce que la verdadera protección viene de Dios, no de las estructuras humanas.
Aplicación Devocional: Este versículo nos saca del egocentrismo. Orar por la paz de la iglesia es un acto de madurez espiritual. Muchas personas mantienen una fachada de éxito (“palacios”), pero carecen de paz interior. Aquí aprendemos a pedir a Dios descanso real para el corazón, para nuestros hogares y para nuestras comunidades.
122:8-9
Por amor de mis hermanos y mis compañeros
Diré yo: La paz sea contigo.
Por amor de la casa de Jehová nuestro
Dios Buscaré tu bien.
Explicación: La motivación para buscar la paz es doble: relacional (“por amor de mis hermanos”) y teológica (“por amor de la casa de Jehová”). El salmista no busca su propio beneficio, sino el bienestar compartido. La paz no es solo un deseo, es un compromiso activo: “diré” y “buscaré”.
Aplicación Contemporánea: Buscar el bien de Sion hoy se traduce en procurar el bienestar de la familia de la fe: cuidar la unidad, servir con amor y promover la reconciliación. Como veremos más adelante en el Salmo 87, esta visión de la ciudad de Dios se ampliará para incluir a todas las naciones, recordándonos que el amor por la casa de Dios siempre debe tener puertas abiertas.
Reflexión y Aplicación Devocional del Salmo 122
El Salmo 122 nos muestra un recorrido espiritual muy concreto: el corazón que se alegra por ir a la casa de Dios (adoración) termina aprendiendo a amar el bienestar del pueblo (unidad) y a sostener una oración perseverante por la paz (shalom) como fruto de la justicia y de la presencia del Señor.
Por eso, el tema central no es simplemente “Jerusalem” como ciudad, sino la formación del creyente: la adoración verdadera nos saca del encierro personal y nos convierte en personas que buscan el bien común, interceden con seriedad y trabajan por la paz desde el temor de Dios.
La paz no es solo alivio, es una postura espiritual
En la vida cotidiana, este salmo toca un punto que a veces pasamos por alto: muchos anhelan “paz”, pero la buscan solo como alivio emocional o como ausencia de conflicto. El salmo, en cambio, une la paz con dos raíces profundas: la presencia de Dios (“la casa de Jehová”) y la justicia (“sillas del juicio”).
Eso significa que hay una paz que no se consigue evitando conversaciones difíciles, ignorando heridas o viviendo cada quien por su lado, sino volviendo al centro: Dios, su verdad y su gobierno en medio del pueblo.
- En el trabajo: Quizá no puedas controlar el ambiente, pero puedes decidir no ser un agente de tensión: no alimentar chismes, no responder con ironía, no devolver dureza por dureza.
- En las relaciones: Este salmo te llama a preguntarte: ¿estoy buscando “ganar” discusiones o estoy buscando “el bien” de mi casa?
- En la iglesia: Donde a veces los conflictos se vuelven silenciosos, el salmo no te invita a la indiferencia, sino a una intercesión madura: “Por amor de mis hermanos… diré yo: La paz sea en ti”. Es decir, la paz no es una idea; es una decisión verbal: hablar para edificar, no para romper.
Paz “dentro de tus muros”: El orden interno
Hay también una aplicación personal muy íntima: el salmista no ora solo por murallas y palacios; ora por paz “dentro”. Eso confronta a quienes por fuera se ven firmes, pero por dentro viven inquietos.
Si tu salud emocional está marcada por ansiedad, o si estás atravesando una etapa de incertidumbre económica, el Salmo 122 te enseña a orar con dirección: no solo “Señor, quita el problema”, sino “Señor, establece tu reposo dentro de mí; ordena mis pensamientos; guarda mis decisiones; hazme íntegro”.
Aquí encaja una verdad del evangelio que ilumina el salmo: Cristo no nos llama a una paz superficial, sino a una paz que gobierna el interior; por eso la Escritura dice: “Y la paz de Dios… guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Filipenses 4:7). Esa paz no siempre cambia las circunstancias de inmediato, pero sí cambia quién eres dentro de ellas.
El fruto de la adoración: Aprender a desear el bien
La reflexión única de este salmo, entonces, es esta: adorar bien es aprender a desear el bien. No se trata solo de asistir, cantar o cumplir; se trata de salir de la presencia de Dios con un corazón reorientado hacia el bienestar de otros.
Esto es contracultural, porque el mundo nos entrena para priorizar la autopreservación: “cuida lo tuyo, aléjate de problemas, no te involucres”. El salmo te invita a lo opuesto: a involucrarte espiritualmente por amor, a cargar en oración la paz del pueblo, y a buscar el bien de aquello que Dios ama. De hecho, esa búsqueda del bien se alinea con el carácter del reino: “Porque el reino de Dios… es justicia, y paz, y gozo en el Espíritu Santo” (Romanos 14:17). Donde crece la justicia, florece la paz.
Aplicación práctica para esta semana
- Ora con intención por la paz “dentro” y “fuera”: Cada día, toma un minuto para pedirle al Señor reposo interior (pensamientos, emociones) y paz en tus relaciones cercanas (hogar, trabajo, comunidad de fe).
- Conviértete en un sembrador de paz medible: Elige una acción concreta: pedir perdón por una palabra dura, detener un chisme, llamar a alguien con quien hay distancia, o bendecir a un líder con gratitud.
- Busca el bien de la “casa de Dios” con hechos: En lugar de observar desde lejos, apoya con fidelidad: presencia, servicio, generosidad, paciencia. A veces “buscar el bien” se ve tan simple como llegar con el corazón dispuesto a edificar.
Oración sugerida en el Salmo 122
«Señor y Dios nuestro, me alegro al acercarme a Ti, porque en Tu presencia hay plenitud. Te ruego hoy por la paz de mi casa y de tu pueblo; que haya reposo dentro de mis muros y descanso en mi corazón frente a la ansiedad. Quita de mí todo egoísmo y enséñame a buscar el bien de mis hermanos y compañeros. Que mi vida sea un instrumento de tu shalom, amando lo que Tú amas y edificando en unidad. En el nombre de Jesús, Amén.»
Conclusión y Reflexión Final
El Salmo 122 nos enseña que la adoración verdadera no termina en un momento emotivo, sino que forma un corazón nuevo: un corazón que se alegra en la presencia de Dios, valora la unidad del pueblo y se compromete a buscar la paz con seriedad.
Jerusalem aparece como símbolo de una comunidad donde Dios reina con justicia y, por eso, donde el shalom puede afirmarse con firmeza. Al cerrar el salmo, el creyente no solo dice “quiero paz”, sino “buscaré tu bien”: una decisión práctica que se expresa en intercesión, palabras que edifican y acciones que procuran reconciliación.
En un mundo marcado por prisa, tensión y divisiones, este cántico nos llama a volver a la casa del Señor para ser reordenados por Él, y luego salir como instrumentos de paz, buscando el bien del pueblo de Dios desde la esperanza de que solo su gobierno trae la paz definitiva.
¿Qué sigue después de la celebración? La fiesta en Jerusalén es hermosa, pero la vida real continúa. El peregrino, aunque está en la casa de Dios, todavía enfrenta el desprecio de los soberbios. ¿Cómo mantener la mirada fija en el cielo cuando el mundo te mira mal? Descúbrelo en el siguiente cántico: Salmo 123: A ti alcé mis ojos.
